La Casa de los Niños Perdidos.


     Una vez más me perdí en el viaje, lo ensucié y se transformó en un sueño.

Recuerdo que, como siempre, la buscaba para que abriera la puerta que esa noche cruzaríamos, ya que ella siempre funcionaba como llave para ese tipo de lugares. Cuando la encontré, estaba esperándome, me decía que había llegado tarde una vez más. El lugar era oscuro y, una puerta de madera en perfecto estado color verde flotaba por un lado de ella. Al mirarla a los ojos, noté que estaba un poco asustada, yo sabía lo que tenía; el lugar al que entraríamos era uno de la clase de riesgo y precaución donde lo menos que te puede pasar es perderte. 

     Encontrar lo que buscábamos resultaba más difícil aún, pues al no saber lo que es, uno debe sentir que está llegando al objetivo y por ser así, se da el caso de que el lugar te impone sentires falsos, logrando que te pierdas. En fin, le dije que yo la protegería como lo he hecho todos estos años, entramos. Siempre funcioné como guía, estás cosas se me dan desde hace mucho y poseía ya ciertas habilidades que desarrolle a lo largo del tiempo y las situaciones en las que me metía. Era un cuarto oscuro y comenzamos a "buscar". Ninguna luz se divisaba más que la de nuestros cuerpos lumínicos, pero aún así no lográbamos notar nada; aún no había nada. 

     Después de cierto tiempo a lo lejos, apareció lo que buscábamos, la casa de los niños perdidos. La recuerdo con cierto detalle: Paredes blancas relucientes con ventanas sin vidrio y sin puertas, marquesina azul. Floté un poco para ver por arriba, debía asegurarme del perímetro y al subir era exactamente como lo sospechaba; sin techo, vacía por dentro. Cuando lo vi supe al instante que era la zona de máximo riesgo pues desde que aparenta estar vacía y de forma inofensiva ya hay un engaño de por medio. Los niños perdidos logran con su infinita imaginación situaciones desesperantes y aterradoras para evitar a personas como nosotros. Entramos y comenzamos a andar por los pasillos, muchos pasillos en diferentes direcciones. 

     Llegamos a una habitación en la que había una repisa colgada en una pared en forma de casita. En cada repisa había un muñeco de porcelana, vestido limpiamente de blanco y todos de grandes y profundos ojos azules. Los habitantes de la casa lo sabían, acababan de descubrir uno de mis pavores. Sin embargo ella logró detener un poco mi miedo, abrazándome, pero aún así,  estaba comenzando a provocar cambios. Los muñecos comenzaron a bajar de la repisa y caminaban hacía mi, notaba sus miradas diabólicas, crecían un poco, no pasaban de mi cintura, pero aún así yo conocía lo que podían hacer, no era la primera vez. 

     La casa comenzó a destruirse y yo comencé a tomar a los muñecos y trataba de destruirlos, pero eran demasiados. Aún siento como caminaban entre mis pies y trataban de controlarme. Ella gritó algo pero era demasiado tarde, nos alejamos, me estaba perdiendo, se estaba haciendo un mal sueño, estaba fallando y no lo noté, quería terminar con los malditos muñecos, de uno en uno, me atormentaban con sus pequeñas risas y sus movimientos toscos. No pude más, desperté. Estaba atrapado, ya no podía regresar, habrá que intentarlo después, una vez más.

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