Carta a un Querido Amigo


Hola.

     Por fin pude escribirte; después de tanto. Primeramente quiero que sepas que todo este tiempo he tratado de encontrar la manera correcta de plasmar las cosas; desde que dejamos de vernos, hablarnos y mirarnos, ni mi mente ni mi persona lograron soportar la pérdida de algo que para mi era tan valioso. 


     Ahora te escribo desde mi casa, el manicomio, mi locura está en constante crecimiento y el ochenta por ciento de esto es debido a ti. Sin embargo, no es mi intención culparte por ser parte de la causa de mis problemas mentales; totalmente al contrario, te agradezco. Por ti encontré el camino de la gloria, oculto entre las sombras que tantos años tardé en encontrar. Es un poco tarde, mi pensamiento está desbaratado, como si más de cien caballos hubiesen pasado sobre él. Retomando, la travesía empírea, es magnífica, jamás pensé que existiera y, sobre esta senda, en la cual me he sentado un momento para redactar esto, estoy siendo feliz. Sin lugar a duda, lo mejor que me ha sucedido, después de ti. 

     Antes de encontrar esta travesía divina, te cuento; tomaba mil y un medicamentos para olvidarte, me desvelaba y manducaba mucho helado, deambulaba de día y de noche, despilfarrando mis bienes monetarios en cosas vanas. No encontraba la manera de asesinar tu recuerdo en mis recuerdos, fenecía sin ti, aunque todavía no pensaba en el suicidio. Por qué. Todos los prejuicios, todas las mentiras, todas las miradas y todos esos actos que me hicieron abrirte justificadamente mi corazón. Acto que, al parecer, jamás estuviste enterado o no quisiste reconocer la situación por exactamente el mismo miedo que yo. 

     Ahora bien, me conozco y aprendí que te quise, como a nadie, como nunca. Pero simplemente lo evitaba por pensar en la imposibilidad; una vieja como yo y un adolescente como tu, juntos. No quiero decir más. En este momento, y tu de nuevo exento de culpa, mis lágrimas mojan este papel; discúlpame si hay fragmentos que no entiendas, incluso si no está borrada la tinta por las gotas salinas. Supongo que hay cosas que nunca comprenderás porque eres demasiado joven y yo he sido demasiado senil para darme cuenta a tiempo y evitarme la tristeza y el coraje de redactar esto. 

     Para seguir caminando...Me gustas, te quiero, te amo. Me atrapaste y en este momento estoy huyendo de ello. Mis deseos hacia ti siempre serán de los buenos aunque mi personalidad nunca pareciera eso; lo siento. Tuve que ser así porque soy una cobarde y aún lo sigo siendo, por eso hice lo que estás leyendo. No quiero que estés afligido, tu felicidad es lo que realmente siempre busqué. Al final, tu eres quien me importa. Espero y no esperes como yo algo que es inverosímil, o al menos eso yo creía. Por último, deseo, que cuando encuentres mi cuerpo no sueltes ni una lágrima; si no lo hiciste cuando estuve viva no quiero que lo hagas entonces, solo sería un signo de hipocresía. En fin, que tengas una vida bella, lo demás ya no importa.

Adiós. Querido, Amigo.

Comentarios

Entradas populares