El Burgués
Es invierno, el clima más frío del año. Me congelo desde la punta de los dedos de mis extremiadades inferiores hasta el más extenso cabello. Ni siquiera toda la ropa carísima que llevo puesta logra ofrecerme más de un poco de retención de calor. Tengo un saco que tiene un pequeño agujero en la zona del codo derecho; no quiero tirarlo, es mi favorito.
Estoy un poco cansado de usar el mismo sillón que me conseguí a penas unos meses, es reclinable y tiene una mancha de café de unos días atrás sobre el aterciopelado tapíz beige. Mi chimenea cilíndrica, no es tan buena como pensé; si hubiese sentido antes el calor que me proporcionaría, no me hubiese conseguido una a tan alto costo. Sin embargo, el inicio inesperado del invierno me obligó a poseer calefacción, aunque no perdí el estilo en el momento de presión, pues conseguí la que más me gustaba.
Mi casa en general es de un solo piso y es abierta; soy solidario con los visitantes incluso en el caso que llegara algún querido acompañante, le comparto la misma habitación en la que yo duermo, sobretodo en estas temporadas donde debemos acercarnos unos a otros para estar en paz, cálidamente. Soy clásico y me gusta preparar la comida en mi asador. De hecho, mi chimenea puede convertirse en uno al poner la rejilla sobre la base especial dedicada al asador. Es interesante como de un producto de simple comodidad, como lo es mi chimenea, se puede transformar en un artefacto de mucha utilidad, como es mi asador. Además la rejilla la conseguí por separado, así son estas cosas, nunca puedes obtener todo el paquete junto; no importa, ya lo tengo como quería.
Las comidas son variadas dependiendo de mi antojo. Sé perfectamente dónde conseguir el tipo de comida que deseó. Soy de gustos excéntricos, mi consumo a comparación del consumo regular no es de restaurantes de ningún tipo, ni siquiera un puesto de comida. Mis recetas son cien por ciento caseras y dudo que alguien más haya probado mis comidas porque son de mi autoría. Por último, mi mascota. No puedo decir que me ha costado, pues fue un regalo de la navidad pasada, un regalo que llegó sin aviso y yo lo acepté como el cachorro que era. He tratado de alimentarlo como se debe alimentar a un perro; croquetas y un poco de agua. Todos los días juego con él y éste me agradece limpiándome la cara con su larga lengua, incluso es la almohada más cómoda que he tenido y yo soy su cobija más cálida. Hemos vivido felices, no me quejo, tampoco mi vida es perfecta, aunque parezca. En este papel me gasté los 10 centavos, ahorro de mi existencia y sin embargo, valió la pena.
- Un vago
Estoy un poco cansado de usar el mismo sillón que me conseguí a penas unos meses, es reclinable y tiene una mancha de café de unos días atrás sobre el aterciopelado tapíz beige. Mi chimenea cilíndrica, no es tan buena como pensé; si hubiese sentido antes el calor que me proporcionaría, no me hubiese conseguido una a tan alto costo. Sin embargo, el inicio inesperado del invierno me obligó a poseer calefacción, aunque no perdí el estilo en el momento de presión, pues conseguí la que más me gustaba.
Mi casa en general es de un solo piso y es abierta; soy solidario con los visitantes incluso en el caso que llegara algún querido acompañante, le comparto la misma habitación en la que yo duermo, sobretodo en estas temporadas donde debemos acercarnos unos a otros para estar en paz, cálidamente. Soy clásico y me gusta preparar la comida en mi asador. De hecho, mi chimenea puede convertirse en uno al poner la rejilla sobre la base especial dedicada al asador. Es interesante como de un producto de simple comodidad, como lo es mi chimenea, se puede transformar en un artefacto de mucha utilidad, como es mi asador. Además la rejilla la conseguí por separado, así son estas cosas, nunca puedes obtener todo el paquete junto; no importa, ya lo tengo como quería.
Las comidas son variadas dependiendo de mi antojo. Sé perfectamente dónde conseguir el tipo de comida que deseó. Soy de gustos excéntricos, mi consumo a comparación del consumo regular no es de restaurantes de ningún tipo, ni siquiera un puesto de comida. Mis recetas son cien por ciento caseras y dudo que alguien más haya probado mis comidas porque son de mi autoría. Por último, mi mascota. No puedo decir que me ha costado, pues fue un regalo de la navidad pasada, un regalo que llegó sin aviso y yo lo acepté como el cachorro que era. He tratado de alimentarlo como se debe alimentar a un perro; croquetas y un poco de agua. Todos los días juego con él y éste me agradece limpiándome la cara con su larga lengua, incluso es la almohada más cómoda que he tenido y yo soy su cobija más cálida. Hemos vivido felices, no me quejo, tampoco mi vida es perfecta, aunque parezca. En este papel me gasté los 10 centavos, ahorro de mi existencia y sin embargo, valió la pena.
- Un vago



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